La esperanza de que llegará la primavera

Miércoles 4 de agosto del 2020

El reto al que nos enfrentamos cuando se presentan situaciones
repentinas, que sorprenden y nos sacan de la zona de confort o de los
caminos previsibles, es el de crear posibilidades para responder y
avanzar. Esto puede parecerte una frase simple y muy común, pero vale
la pena darnos cuenta qué significa: observa desde qué creencias la
validas, con qué lente perceptivo la proyectas y qué pensamiento usas
para responder.
Una creencia que nos puede limitar es “creer” que, para responderle a
lo diferente, contamos con la experiencia y los conocimientos del
pasado que nos han dado éxito. No será mejor reconocer, ser consciente
de que, si afuera hay transformaciones, para responder exitosamente,
esas mismas trasformaciones tienen que suceder en tus creencias, en tu
Ser.
Un lente perceptivo que nos estancaría sería enfocarnos en recuperar
pasado, o en mejorar el presente. Ahí no hay o no habría nada nuevo,
y quizás sería perder la oportunidad que podría brotar de esta
adversidad. Necesitamos enfocarnos en construir futuro. En nuevas
posibilidades.
Y nos faltaría darnos cuenta cuáles pensamientos estás usando para
responder, qué impacto emocional generas cuando lo usas y la
coherencia cuando actúas. El reto de definir nuevas creencias, soltar lo
que ya no funciona, dedicarnos a construir futuro, nos dice que estamos
ante el reino de las posibilidades, pero que ellas se encuentran a través
de un nuevo pensamiento.
Nos debemos permitir usar nuestro pensamiento para construir
futuro, necesitamos relacionarlo con nueva información, información
consciente. Usarlo en positivo para ver posibilidades y no para reforzar
carencias, ausencias, límites, quejas y reclamos. Necesitamos usarlo
para interpretar lo que sirve, para hacer síntesis y no para quedarnos en

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el sobre análisis que nos detiene, que nos polariza, convirtiéndose en la
antesala del miedo y del estrés. Quiero que te des cuenta – yo lo estoy
haciendo-, tú cómo usas tu pensamiento, para que evitemos, tú y yo,
reforzar ese círculo vicioso que solo podría, si dejamos, enfrentarnos a
la decadencia.
Necesitamos un pensamiento, que surja de un propósito nuevo. Un
propósito nuevo que surja de un nuevo SER.
Piensa ¿cuál es tu propósito de futuro que realizas con las acciones de
todos los días? ¿Tú de qué quieres ser referente? ¿Qué identidad te deja
en paz contigo mismo?
Pensemos, ¿Qué manera de Ser nos va a permitir construir la sociedad
en la que queremos vivir, todos, juntos? ¿De dónde van a salir esos
seres que nos inspirarán?
Ese ser no caerá del cielo. Yo pienso que ese SER brotará de ti. Si tú lo
permites.
¿Cómo?
Quiero darte la respuesta con el siguiente símil.
Qué otoño el que estamos viviendo, comienzan a caerse una por una las
horas que adornan nuestras ramas. Se caen las ramas de la seguridad
económica, de la fama, del ego, de la distracción, de los viajes, de la
vanidad, de la vida social… Se sueltan las hojas que demuestran nuestra
fortaleza… ¿Qué nos queda?
La esperanza de que llegará la primavera. Un nuevo renacer.
Estamos ante la evidencia del acontecer de la vida. Sabemos que no lo
podemos controlar, pero si lo podemos aceptar. Tenemos el gran don
del libre albedrío, que nos permite asumir la vida para dejarla fluir, o
mejor, para fluir con ella –como el oso que a veces entra libremente en
hibernación para sobrevivir al invierno–. Observar la naturaleza y el ciclo
de la vida, -de dónde venimos-, nos permite darnos cuenta que lo mejor

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es no ponerle resistencia, fluir con él. Al fluir aminoramos el sufrimiento,
porque ganamos comprensión. Reconocemos y aceptamos que la vida
ES. Ante esa realidad que no podemos controlar, solo podemos elegir
“cómo responder”, con lo que si hay, son lo que somos, con lo que
tenemos.
Continúo entonces con el símil del otoño: se cayeron las hojas y sin ellas
surge la uniformidad, quizás la monotonía de los meros troncos, no hay
nada que los haga diferentes, hasta el punto de que solo vemos o
pensamos, en la carencia, en la ausencia, quizás en la pobreza. De
pronto, si practicamos el gran don de pensar, nos podríamos preguntar,
cómo será la actividad de ese árbol por dentro. No es la hora de brillar,
no es la hora de producir, es la hora de purificar, fortalecer su propia
savia. La savia interna es la que le permitirá su propio renacer.
A veces la pobreza externa nos acerca a la riqueza interna. En alguna
parte tenemos que encontrar la fuerza para continuar.
De dónde vamos a sacar el alimento para nuestras nuevas hojas… De lo
que nos corre por dentro. De la profundidad de las raíces que nos
acercan a lo esencial que no se negocia con la adversidad.
¿Qué será lo que nos pasa, que no logramos darnos cuenta de que la
savia de la vida corre por dentro de nosotros mismos? La savia es
nuestro SER …
Por eso termino preguntándote:
¿Qué está pasando con tu SER en este otoño?

MARTAOLGA

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