MÁS GESTIÓN, QUE LIDERAZGO

Desde mi punto de vista, el reto en el momento actual es más de
gestión que de liderazgo. Dirigir una organización, y llevarla del
presente al futuro de manera exitosa y sostenible, en un contexto
especifico, requiere hacer tres cosas muy bien hechas: Dirección,
Gestión y Liderazgo. Lo importante es darnos cuenta de que siempre
habrá una más relevante que las otras (y se roten). Lo determina las
circunstancias específicas de la organización.
La realidad que estamos viviendo en los últimos meses fruto de la
pandemia, ha generado unos estilos de trabajo innovadores, que
aunque habíamos visualizado, –y a veces anhelado-, nos sorprendieron
en velocidad y contundencia. Estos estilos son fruto de la tecnología
para virtualizar el trabajo, la alternativa home office y los nuevos
significados sobre la vida tanto laboral como personal; llegaron
acelerados, impuestos y acompañados de emociones difíciles de
manejar: miedo, ansiedad, incertidumbre, imposición, cansancio por el
encierro, y al mismo tiempo, comodidad. Una mezcla de sensaciones
que debemos neutralizar para que surjan las posibilidades para
responder y al mismo tiempo crear un futuro impredecible desde un
presente que nos exige sobrevivencia.
Estamos comenzando una etapa retadora, el regreso a lo que podría
llamarse, la normalidad. ¿Qué será?, aún no sabemos. Internamente se
visualiza como un rediseño en el ambiente organizacional, fruto de
nuevas creencias e interpretaciones que nos exigen “transformar” y que
por lo tanto van acompañadas de una reorganización en temas de
gestión.
● Replanteamiento en procesos, funciones, responsabilidades y
competencias fruto de la implementación de tecnología y la
posibilidad de la virtualización como plataforma de productividad,
efectividad y logro.


● Nuevas maneras de relacionamiento entre colaboradores y
especialmente con clientes y proveedores, en las cuales se
reemplazó la presencialidad por comodidad y facilismo.
● Surgimiento de nuevas necesidades de servicio a clientes y
colaboradores, fruto de una reflexión consciente sobre lo esencial
del SER y de su vida, que nos van a exigir mucha innovación y
ante todo diferenciación enfocada no solo en CÓMO responder,
sino a QUÉ responder.
Esta etapa de regreso a la “normalidad” genera unos retos muy duros
en gestión: pasó un huracán que desorganizó el barco. Debemos
ponerlo a punto para continuar el viaje y debemos ayudar todos, porque
NO hay nadie que no haya sido afectado y que no necesite recomenzar.
Y lo debemos hacer a una gran velocidad porque, quien arranque de
primero, encuentra más rápido las oportunidades.
Lo grave es que no todos zarparán y que algunos de los llamados van a
responder con un slogan que frena volvernos a encontrar y
remangarnos la camisa: “tengo miedo por mi salud y la de los que me
rodean”. Y, además, “me di cuenta que desde aquí (mi casa) puedo
hacerlo ¿a qué regresar?
Y ante esa incertidumbre ¿qué prima?, ¿qué se puede exigir? Estamos
ante una pregunta muy dura: ¿qué prima en este momento, el miedo y
la comodidad individual o la necesidad colectiva? Ya nos estamos
encontrando con empresas en las cuales sus colaboradores se niegan a
volver a sus sitios de trabajo. Y en estas situaciones, ¿qué se necesita?
¿Gestión o Liderazgo?
Durante la pandemia, hubo mucho acompañamiento humano, nos
contemplaron mucho, nos ayudaron a que el encierro fuera menos
traumático, pero el regreso -o como yo lo veo la transición-, va a
significar un revolcón muy duro en las personas: cargos que se acaban,
otros que nacen, competencias nuevas, cambios en la supervisión en
términos de coordinación, control, reporte e indicadores, ausencia de
espacios físicos que generaban sentido de pertenencia, coordinación de
agendas, etc. Es muy diferente dirigir trabajo virtual o home office
cuando las personas están obligatoriamente “conectadas” porque no hay


alternativa a cuando las personas tienen la libertad del disfrute fuera de
su casa (flexibilidad en horarios, presencialidad y lugar). Es una etapa
de mucho reto, exigencia e incertidumbre para construir lo que seguirá.
¿Qué se necesita en la transición? ¿Gestión o Liderazgo?
Ante esta turbulencia, es fundamental organizar rápido la casa para
saber qué podemos ofrecerles a quienes van a continuar. Qué
necesitamos que sepan hacer. Qué pueden esperar de nosotros. Cuáles
serán las reglas de juego que nos van a vincular, coordinar y medir.
Qué nos hará atractivos.
Estamos ante una realidad, la transición entre una empresa basada en
la presencialidad a una empresa basada en la virtualidad. Hoy es un
imperativo repensarse y reenfocarse, rediseñarse y reorganizarse y
finalmente transformarse ¿En qué debemos reforzar? ¿Gestión o
Liderazgo?
Es una diferencia que para muchos parece sutil, pero para mí ha sido
clave en la formación de líderes. Especialmente porque le da propósito
y contenido a la esencia del liderazgo.
Un directivo o equipo directivo debe ejercer tres funciones muy
importantes:
Dimensión Estratégica cuyas responsabilidades son definir: Visión,
Propósito, Resultados, Estrategia, Valores, Cultura e Identidad.
Esta dimensión es fundamental para visualizar cómo crecer y reaccionar
ante circunstancias inesperadas en el entorno, ante la competencia y las
nuevas tendencias.
La persona o el directivo que lo diferencia su capacidad estratégica
visualiza con claridad las oportunidades en el contexto y el camino para
lograrlo. Es ante todo un ser visionario y estratega. Tiene una gran
habilidad para relacionarse con el contexto y el largo plazo. Decide
siempre enfocado en asegurar la sostenibilidad, en crear la deferencia y
reforzar la identidad organizacional.


Dimensión Ejecutiva: definida como pura y legítima gestión, es
fundamental cuando necesitamos hacer realidad el camino escogido,
cuando se deciden reorganizaciones, rediseños, etc.
La persona ejecutiva es capaz de adaptar y organizar los recursos
(físicos, económico y humanos) para lograr la visión que se define y
hacer realidad la estrategia. Lo logra definiendo procesos, proyectos,
indicadores, estructuras y cargos (funciones, responsabilidades y
competencias). Es una persona hábil en ejecutar y hacer seguimiento.
En innovar e implementar. En controlar, mejorar y asegurar. Es una
persona que logra que las cosas pasen. Tiene un gran sentido del corto
plazo y de las posibilidades en la vida cotidiana.
Y cuando ya sabemos para dónde vamos, cuando ya hemos escogido el
camino, cuando tenemos organizada la casa, necesitamos…
Un Ser muy fuerte en Liderazgo: definida como pura y legítima
influencia en quienes lo rodean. con una habilidad especial para poner
la mirada en las personas que nos van a acompañar a construir futuro y
lograr los resultados esperados de manera integral (no solo en procesos
e indicadores, también en personas y sociedad). Un ser referente en
valores positivos, logros trascendentes, aporte y servicio. Una SER que
con su manera de Ser enamore a las personas para vivir el día a día,
que las inspire para querer comprometerse con el logro colectivo, para
hacerlo de manera motivada, apasionada por lo que logran, convencidas
de que lo que hacen les realiza la vida, y ante todo, que no hay ningún
logro en la vida que justifique faltar a caminos éticos.
Un ser referente, con una fortaleza interna que logra responder
positivamente a cualquier adversidad, por imprevista que sea. Un Ser
que brilla por SER RESILIENTE.
No nos equivoquemos, les estamos pidiendo a los líderes que lideren y
estamos confundiendo gestión con liderazgo. ¿Será que los líderes ya
están preparados para liderar la turbulencia y la transformación? ¿Será
que su fortaleza interna ya es una evidencia, ya tiene la capacidad para
dirigir las emociones de los demás, desde su evidencia personal? ¿Será
que ya saben con quién contarán y hacia dónde van?.


Por todo lo anterior sostengo que nos encontramos en el momento de
fortalecer a todos los directivos (jefes, supervisores, directores,
gerentes, etc.) en gestión. Y a todas las personas, independientemente
del cargo, en resiliencia, calidad humana y agudeza ética.

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