Agradecer sin valorar es un acto vacío

¿Te has dado cuenta de que muchas veces agradecemos solo lo que nos conviene o lo que está alineado con nuestras expectativas?

En ocasiones, decimos “gracias” como un acto de educación, sin haber valorado lo que recibimos. Muchas veces la palabra gracias se parece a la palabra perdón: un formalismo para quedar bien.

Incluso solemos agradecer solo cuando lo recibido es positivo, o cuando nos demuestra que tenemos más que otros. Pero… ¿qué tanto agradecemos lo que realmente nos transforma?

Es cierto que el agradecimiento es un camino para generar paz, pero pocas veces nos detenemos a pensar desde dónde agradecemos.

Un niño lo expresó de manera contundente: “Mi papá me pudo enseñar a agradecer, pero no a ser agradecido”. Esa frase me marcó, porque nos recuerda que agradecer no es solo un acto social, sino una vivencia interior.

Incluso alguien me dijo alguna vez: “Cuando me invitan a agradecer, siento que es porque tengo más que los demás. Entonces solo agradezco desde la comparación”. Y en ese momento comprendí: agradecer sin valorar es una acción incompleta.

Valorar antes que agradecer

El verdadero agradecimiento nace de la capacidad de valorar.
No se trata de decir “gracias” y guardar lo recibido en un cajón. Se trata de usarlo, de disfrutarlo, de reconocer su aporte. Como un niño que al  recibir un juguete puede decir “muchas gracias” y guardarlo; o puede, con una sonrisa, recibir el juguete y salir corriendo a disfrutarlo. ¿Cuál acto del niño te hace sentir mejor, cuál fue correspondiente con la intención del regalo?  Muchas veces, el agradecimiento más importante se demuestra con un acto y no con una palabra.

Dos caminos del agradecimiento

Cuando nos damos cuenta de que, para Ser agradecido, primero debemos aprender a valorar, el agradecimiento se abre en dos caminos:

  • Agradecer lo positivo: porque lo valoramos, lo podemos usar y/o disfrutar; queda integrado a nuestra vida.

Sin embargo, El reto más grande que nos pone la vida, es:

  • Agradecer lo negativo: porque, aunque no lo deseamos, no es inútil.  Nos da la oportunidad de un nuevo aprendizaje, para fortalecernos y avanzar.  Para transformarse en un ser humano con más herramientas y claridad. Un ser que asume la vida como el bambú: se flexiona por fuertes vientos, pero no se quiebra.

La vida diariamente nos da regalos, nos permite comprender todo lo que tenemos y somos, para valorarlo y usarlo.  Valorar y agradecer convierten la escasez y la carencia en abundancia y prosperidad.

La invitación

No agradezcas solo lo que te conviene. Agradece también lo que te impulsa a ser mejor ser humano.

La gratitud auténtica nace cuando valoramos el aporte de cada experiencia, ya sea positiva o negativa. Solo así dejamos de agradecer por educación, y comenzamos a agradecer porque valoramos el aporte.

¡Hasta pronto!

MARTA OLGA