¿Cómo describes la realidad que estamos viviendo en Colombia?
¿En qué se centran tus conversaciones últimamente: en analizar, juzgar, criticar, alegar… o en preguntarte: “¿Qué puedo aportar yo ante esto?”
¿Eres de los que enredan la incertidumbre o de los que la aclaran?
Y más importante aún:
¿Esa misma forma de ver la realidad del país… también la usas para mirar tu vida personal?
Sin darnos cuenta, a veces nos paramos frente a la vida —ya sea la colectiva o la íntima— desde una actitud de víctima.
Nos sentimos con el derecho a culpar lo que ha pasado, a reclamar lo que debería ser, a juzgar a quienes actúan, mientras esperamos que las soluciones deseadas vengan de afuera.
Y mientras tanto, ¿qué emociones te acompañan?
Cuando culpas, afirmas que el resultado esperado no se dio o que alguien más falló. Eso te da “derecho” a molestarte, a reclamar, a castigar e incluso a agredir desde el resentimiento. Detrás de esa reacción, hay algo más profundo: una incapacidad no reconocida para actuar y avanzar. Una proyección:Lo que no queremos ver dentro, lo señalamos afuera. La impotencia interna se convierte en crítica externa. La queja sustituye a la acción.
Vivir así no solo agota, sino que nos hace perder poder
Cuando eliges quedarte en la queja, la justificación o el reclamo haces parte del ruido, pero no de la solución. Sin darte cuenta, generas una dependencia emocional del exterior: solo serás feliz y quedarás tranquila si algo afuera cambia. Tranquila es un decir, porque ninguna solución te deja en paz. Debes volverte a quejar, ¡porque esa es tu manera de reaccionar!
¿Te has preguntado cómo se sienten las personas que te rodean cuando tú vives desde esa limitación mental?
Una invitación a mirar hacia adentro
- Haz una pausa y observa:
¿De qué te quejas con frecuencia? ¿Del tráfico, de tu pareja, del trabajo, de tus hijos, de tus papás, de los vecinos, del jefe, de las noticias, de la moda…? - ¿Te das cuenta de cuántas cosas cotidianas te alteran diariamente y de cuántas de ellas realmente tienes control?
Desde ese lugar, ser feliz se vuelve casi imposible.
Los problemas se agrandan y las soluciones parecen cada vez más lejanas. La salida no está afuera. Está en el interior: en la información que configura tu manera de ser, actuar y reaccionar.
¿Y si hubiera otra manera de vivir?
- Una forma más libre, más creativa, más poderosa.
- Una manera de vivir en la que tú eliges protagonizar tu historia, no repetirla.
- Donde no necesitas que el mundo cambie para estar bien… porque tú ya estás cambiando desde dentro.
De víctima a protagonista: el giro que transforma
Transformar la actitud de víctima no es negar lo vivido.
Vamos a pasar de la culpa del pasado a la responsabilidad del futuro.
Es asumir que tú eres el único que puede hacerse cargo de tu vida. Es pasar de la queja a la propuesta. De la reacción automática, a la acción consciente.
Para iniciar la construcción de ese nuevo ser, no necesitas hacer algo perfecto. Solo necesitas dar un primer paso.
Ese paso se llama: acción de principiante.
Una pequeña acción que interrumpe la inercia y crea evidencia nueva: “Sí puedo. Sí hay camino. Sí soy capaz.”
¿Cómo se inicia esta transformación?
Con preguntas que despiertan consciencia:
- ¿Qué gano con esta queja?
- ¿Cuánto he avanzado desde que repito lo mismo?
- ¿Qué propongo distinto?
- ¿De qué me hago cargo hoy?
- ¿Con qué cuento ya para comenzar?
La práctica empieza por ti
¿Qué tan familiar te resulta esta manera de ser?
¿La ves en tu entorno?
¿Te has preguntado para qué te ha servido?
La primera víctima que debemos desinstalar… es la propia.
Esa voz interior que culpa y espera, en lugar de asumir y avanzar.
El camino no está escrito. Se construye desde adentro.
Y tú puedes ser pionero en el tuyo.
¡Hasta pronto!
MARTA OLGA