El líder es, ante todo, un buen ser humano

Pero un buen ser humano no siempre es líder.
¿Dónde radica la diferencia?

Un líder es capaz de unir propósitos dispersos en un solo propósito que genera enfoque y beneficio colectivo.
Traduce ese propósito en pequeños logros y logra que las personas se comprometan desde la voluntad, incluso cuando las condiciones no son favorables.

Y lo hace por su manera de Ser.
No por su cargo.
No por su conocimiento.
No por su poder.

Por su manera de Ser.

De esta forma logra tres cosas esenciales:

• Inspirar propósito (sentido y unidad).
• Fortalecer el hacerse cargo de sí mismo (serenidad).
• Construir relaciones que generan entornos emocionales positivos y contagian compromiso colectivo (armonía).

Pero aquí surge una pregunta profunda:
¿cuál de estos pilares es la semilla?, ¿qué es lo primero que debemos cultivar?

La semilla del liderazgo: hacerse cargo de si mismo

Tal vez el propósito no sea el comienzo.
Tal vez tampoco lo sea la armonía.
Tal vez la verdadera semilla sea “el hacerse cargo de sí mismo”, de su manera de ser para lograr inspirar desde la evidencia.

Porque solo quien se hace cargo de sí mismo puede inspirar unidad.
Solo quien elige su manera de Ser puede influir positivamente.

Y hacerse cargo implica:

Darse cuenta y asumir, de manera consciente, sus decisiones, sus respuestas y sus resultados.
Superar esquemas mentales que lo limitan y elegir posibilidades que lo convierten en el Ser que quiere ser.
Usar de manera consciente sus herramientas interiores —emociones, pensamiento y acción— hasta que la serenidad se vuelva evidencia.
Ser coherente entre el Ser que elige ser y la forma como comunica y gestiona situaciones adversas e inesperadas.
Elegir el buen trato como principio rector, guiado por una pregunta poderosa:

¿Cómo queda el otro después de pasar por mis manos?

De esta manera, el líder se convierte en el centro donde convergen las personas.
El directivo es el centro donde convergen las ideas.

Influencia positiva: la expresión del liderazgo

Para dirigir se necesitan herramientas estratégicas y ejecutivas.
Para liderar se necesitan herramientas humanas para generar influencia positiva.

Y hoy la influencia ya no nace solo del conocimiento.
Nace de la manera de Ser.

Recuerdo una enseñanza que marcó mi comprensión del liderazgo en el Inalde:
el verdadero directivo integra tres dimensiones: estratégica, ejecutiva y de liderazgo.

Pero la dimensión del liderazgo es la que transforma el ambiente para generar empoderamiento, sentido de pertenencia, compromiso y responsabilidad consciente.
Porque se trata de influir positivamente, tanto en la persona como en el entorno.

Por eso el líder necesita fortaleza interior.

Debe ser capaz de convocar, incluso al que se opone.
Al que impone desde el ego.
Al que calla desde el miedo.
Al que piensa diferente.

Convocar para despertar voluntad, compromiso y propósito.
Convocar para que cada persona quiera ser mejor.

Debe calmar en la incertidumbre.
Enfocar en las posibilidades.
Sintetizar diferencias con criterios técnicos y humanos.
Y, al final, ganarse la confianza y el respeto de quienes pasan por sus manos.

El liderazgo no es un cargo.
Es una elección de Ser.

Y esa elección no produce simplemente un cambio.
Produce transformación.
Porque cuando elegimos nuevas creencias y maneras de Ser, cambia nuestra realidad externa.

LA PRÁCTICA

En tu próxima conversación difícil, antes de hablar, pregúntate:

¿Desde qué Ser quiero liderar este momento?

El liderazgo no comienza en la palabra.
Comienza en la decisión interior.

Ahí comienza todo.

¡Hasta pronto!
MARTA OLGA