La reflexión: una experiencia que transforma

¿Te has dado cuenta de la conexión entre lo que sientes y lo que piensas?
¿Cuándo fue la última vez que hiciste una pausa para mirar dentro de ti y darte cuenta de qué estás pensando, sintiendo e interpretando?

¿Qué haces con lo que observas de ti?

Experimentar: la llave para transformar

En el corazón de mi trabajo está una convicción profunda: la transformación personal no ocurre por lo que escuchamos, leemos o aprendemos, sino por lo que experimentamos.

Necesitamos experimentar varios pasos:

La observación para reconocer nuestros pensamientos y emociones como información esencial, la reflexión para revelar la información programada e inconsciente, el discernimiento para relacionar, valorar, hacer síntesis y elegir y la visualización para convertir las posibilidades elegidas en acción y evidencia.

El logro final de este camino es parar la reactividad, transformar el sufrimiento en aprendizaje, la inercia en propósito y las creencias no funcionales en evidencias de paz y felicidad.

Hoy hablaremos de la reflexión para contrarrestar el impacto que el virus de la prisa está generando, hasta el punto de despreciar su práctica.

Reflexionar es diferente a Analizar

Analizar es un ejercicio de la razón; usa información externa y busca entender la realidad. Es una práctica mental e intelectual para llegar a la verdad.

Reflexionar, en cambio, es un ejercicio de la conciencia; usa información interna, tiene como propósito comprender mi actuar y mi sentir. Es un práctica de introspección para disminuir el sufrimiento y abrir el camino de la felicidad y la paz interior.

Vivir una experiencia de reflexión

Es permitir que la realidad externa pase por el mundo interno y darse cuenta del eco que genera. Es detenerse, observar y percibir con imparcialidad lo que pienso, siento e interpreto. Es escuchar la voz interior que me muestra la información oculta que determina mi forma de ser y reaccionar. Este comienzo es muy importante, para parar la reactividad y abrir una ventana hacia el mundo interior. Sin embargo, no basta.

La reflexión es la que da sentido. Ser reflexivo entonces, es tener la disposición de volver la mirada hacia adentro y preguntarse ¿qué está pasando en mí? ¿qué significa esto para mí? ¿de dónde viene lo que siento? ¿cómo quiero reaccionar?

¡Qué preguntas tan importantes!, pero no bastan. La experiencia se completa cuando elegimos responder de manera voluntaria, consciente y deliberada y declarar un compromiso con la acción. Es decir, cuando la reflexión nos ayuda a hacernos cargo de la propia vida.


Reflexión unida al discernimiento

La reflexión abre la mirada interna; el discernimiento va un paso más allá. No añade más información sino más profundidad. Podríamos decir que es un análisis interno de posibilidades que mide coherencia con el Ser que quiero ser, prudencia en el uso de las valoraciones y equilibrio en el impacto en uno mismo y en los demás.

La invitación

Recuperemos y alimentemos la práctica de la reflexión y el discernimiento, para ser nuestro propio centro de atención y gestionar con consciencia nuestro actuar y sentir.

Esta práctica es el camino para hacernos cargo de nuestra felicidad, darle sentido y propósito a la vida y vivir en armonía con lo que nos rodea.

El binomio reflexión-discernimiento nos recuerda que, entre lo que pasa afuera y lo que hacemos con eso, existe siempre un espacio de libertad para elegir cómo responder, siendo fieles a la imagen del Ser que elegimos ser.

La práctica

Le invertimos mucho tiempo al mundo externo; te invito a invertir tiempo en tu mundo interno para convertirte en el gran gestor de tu propia vida.

La reflexión detiene la reactividad y abre espacio a una acción elegida, voluntaria y sostenible.

Cuando sientas una emoción incómoda, haz una pausa de 20 segundos: observa cómo se manifiesta y pregúntate: ¿qué pensamiento o interpretación acompaña esta emoción? ¿De dónde viene? ¿Qué quiero hacer con ella? y, ante todo, reflexiona si existe otra posibilidad.

¡Hasta pronto!
MARTA OLGA