El reto que enfrentan hoy las organizaciones para hacer sostenibles los resultados de seguridad han puesto nuevamente sobre la mesa la necesidad de construir o fortalecer una cultura de seguridad y cuidado.
En una conversación reciente, alguien planteó que para lograrlo era fundamental el liderazgo estratégico.
Como sostengo que no me resulta inspirador “ponerle apellido” al liderazgo, me surgieron dos preguntas:
¿Qué significado le dan al liderazgo estratégico?
¿Qué otros tipos de liderazgo se necesitarían para fortalecer la cultura?
Liderazgo estratégico
- Se enfoca en visualizar y construir el futuro: gestiona el día a día alineado con la visión y los objetivos de largo plazo (planes, indicadores, procesos).
- Se centra en anticipar escenarios y tomar decisiones que construyan ventajas sostenibles.
- Encuentra los cómo estratégicos para cumplir la visión.
Liderazgo operativo
- Su foco está en el presente: busca cumplir metas inmediatas y operativas.
- Está orientado a la eficiencia en procesos y tareas.
- Se ocupa de los resultados y de desarrollar capacidades que los sostengan.
Liderazgo transformacional
- Su fuerza está en inspirar a las personas a superar límites, cambiar creencias o actitudes.
- Promueve cambios profundos en mentalidad, cultura y relaciones.
- Busca que los colaboradores se comprometan emocionalmente con un propósito superior.
Ver estas definiciones reafirma algo clave:
Existe una confusión frecuente entre management y liderazgo.
Una confusión que ha llevado a que tengamos mucha formación en gestión y muy poca formación en liderazgo.
Así, a la hora de construir cultura, ponemos mucho énfasis en conocimientos, procesos, normas, indicadores y cumplimiento –y más hoy con la gran variedad de herramientas de productividad basadas en IA…– y poco en la influencia para despertar responsabilidad, convicción y compromiso.
Por eso, no es fácil que se sostengan en el tiempo los avances y los resultados que se logran en seguridad.
Diferenciar management y liderazgo
Management: dirección, planificación, control. Implementa sistemas, normas, tecnología, herramientas de productividad y competitividad para lograr resultados. Se apoya en la orden, el control, la disciplina… y sobre todo, en la obediencia.
Liderazgo: es influencia positiva basada en la evidencia personal. Es la capacidad de inspirar la acción y el compromiso del otro desde la convicción, la voluntad y la responsabilidad consciente.
El management requiere personas que cumplan.
El liderazgo forma personas que quieren aportar, innovar y transformar.
Para construir o fortalecer una cultura se necesitan ambas cosas:
- Conocimiento y experiencia para dirigir desde la estrategia y gestionar la operación.
- Y, sobre todo, influencia para inspirar sentido, motivación y conciencia; para desarrollar compromiso voluntario y enfoque colectivo.
Por eso afirmo:
- No existe “liderazgo estratégico” ni “liderazgo operativo”; eso es gestión estratégica y gestión operativa.
- Tampoco existe “liderazgo transformador” como adjetivo.
El liderazgo que necesitamos es el que tiene como propósito liderar para transformar.
Liderar para transformar
- Movilizar a otros desde la manera de Ser. Una manera de ser que se transforma permanentemente para responderá un entorno retador. Es influencia, desde la evidencia.
- No es una metodología adicional: es la esencia que convierte la estrategia en cultura vivida, no solo en discurso.
- No se limita a alinear personas a objetivos estratégicos: toca el sentido, la dignidad y la conciencia, despertando la fuerza interior que mueve la acción colectiva.
- No niega la importancia de procesos y tecnología, pero muestra que, sin humanismo, todo eso solo controla comportamientos por obediencia y miedo, no por convicción.
Liderar para transformar es, ante todo, liderar desde el humanismo.
Y esa es la única vía para que la cultura sea viva, sostenible y verdaderamente protectora de la vida, no desde el discurso sino desde la acción personal.
Liderar desde el humanismo
Liderar al Ser del otro, desde el Ser propio. Lidera desde lo que nos une, desde lo que si podemos comprender. Ser una evidencia viva de que la transformación personal, es el camino para desinstalar frenos mentales, que nos impiden responder a la realidad actual e instalar posibilidades que nos potencian como personas, para crear una realidad donde el valor y el sentido de la vida propia y el colectivo direccionen nuestro actuar.
La tecnología puede optimizar procesos y reducir errores.
El gran desafío no es tener más técnica, sino dar alma a la cultura, y esa alma solo nace del humanismo: reconocer al otro no como recurso productivo, sino como ser humano digno de ser cuidado. Pero solo el humanismo del líder convierte la salud y la seguridad en un valor vivido, no en un procedimiento.
Cierro con lo más importante:
Un día, un presidente de empresa me preguntó —desde el temor que despierta reconocer que liderar para el futuro implicaba transformar también su manera de ser—:
- “¿El humanismo es otra de esas competencias soft de gestión humana?”
Y le respondí:
- “Es la más hard de las hard” porque es la semilla de la grandeza humana. Es el deseo genuino de proteger la vida, porque la vida tiene sentido.”
Después de las anteriores reflexiones te pregunto:
¿Cómo se forma personas para Ser Directivos, enfocados en gestión?
¿Cómo se forman personas para Ser Líderes, enfocados en influencia?
Frases para recordar y vivir:
- La estrategia construye los caminos, pero solo el humanismo construye el compromiso para recorrerlos.
- No basta con diseñar una cultura de salud y seguridad; hay que despertar la conciencia que la haga real, vivida, elegida.
- Una cultura sin alma no es sostenible, porque no se gestiona a sí misma.
- Transformar miedo en convicción; transformar el cumplimiento en cuidado genuino; transformar la norma en valor vivido.
- Podemos tener los mejores sistemas y tecnologías, pero al final del día, lo que cuida la vida no es el procedimiento, sino la persona que, por convicción, decide hacerlo.
¡Hasta pronto!
MARTA OLGA