He tenido la oportunidad de participar en conferencias organizadas por ARL Sura y el Consejo Colombiano de Seguridad, en el marco de la semana de la seguridad y el cuidado. He compartido dos charlas: “Ser consciente, el eslabón perdido de la seguridad” y “Liderar para transformar”.
En estos espacios he escuchado ponencias muy valiosas sobre salud emocional, cultura de seguridad y riesgos laborales.
Pero entre tanta información, hubo una inquietud que se quedó conmigo. Una preocupación que se ha hecho más profunda con el tiempo y que hoy me lleva a escribir este blog:
¿Estamos trasladando a las empresas toda la responsabilidad sobre la salud emocional de las personas?
Cada vez les exigimos más. No solo que cuiden la seguridad física, sino que también resuelvan los riesgos emocionales derivados de las relaciones laborales. Incluso ya se está considerando que deben cuidar de manera integral al trabajador: por eso se ocupan del estilo de vida, el manejo de las finanzas personales, de las costumbres de alimentación, de las actividades de recreación, todo lo anterior enfocado en evitar estados de ansiedad.
En medio de esta tendencia, me surgen algunas preguntas enfocadas en el equilibrio de responsabilidades:
- ¿Qué están poniendo las personas para su propia salud emocional?
- ¿De verdad todo es responsabilidad de la empresa?
- ¿Y qué diremos de los riesgos emocionales que no se originan en el trabajo, sino en las familias?
¿A qué se refiere el término “riesgos laborales”?
Los riesgos laborales son todos aquellos factores, condiciones o situaciones presentes en el entorno de trabajo que pueden causar daño a la salud o a la seguridad de los trabajadores.
El alcance del tema es amplio. Incluye riesgos físicos, ergonómicos, químicos, biológicos, mecánicos y psicosociales.
Ejemplos:
- Físicos: ruido excesivo, temperaturas extremas, radiación, vibraciones.
- Ergonómicos: malas posturas, movimientos repetitivos, levantamiento de cargas.
- Mecánicos: uso de maquinaria, herramientas defectuosas, superficies resbaladizas.
- Químicos: exposición a gases, vapores, sustancias tóxicas.
- Biológicos: contacto con virus, bacterias u hongos.
- Psicosociales: sobrecarga laboral, conflictos, liderazgo autoritario, falta de reconocimiento.
Hablar de riesgos laborales es hablar de todo lo que puede poner en peligro la integridad física y emocional de las personas en el trabajo.
Y es aquí donde al eco de mi pregunta digo que vale la pena recordar que la última acción antes de un accidente siempre es humana.
Si esa acción no fuera reactiva, sino consciente, muchos accidentes —leves o graves— podrían evitarse.
Lo sabemos por experiencia: cuántas veces, al mirar hacia atrás, nos hemos dicho: “Si hubiera…”
Por eso, esta reflexión me lleva a afirmar una vez más: despertar el ser consciente es fundamental para lograr el equilibrio que asegura la sostenibilidad en la seguridad y salud en el trabajo (SST).
¿Qué relación hay entre los riesgos laborales y la salud mental?
La relación es directa, y cada vez más evidente.
Los riesgos psicosociales tienen un alto impacto en la salud mental. Un ambiente laboral hostil, la presión constante, un liderazgo controlador o relaciones tensas entre compañeros pueden generar ansiedad, estrés crónico, depresión o el conocido síndrome de burnout.
Aquí quiero invitar a una reflexión importante:
Muchos de esos comportamientos que generan entornos emocionales negativos no se aprendieron en las empresas, sino en las familias, y se trasladan a ella.
Por eso creo firmemente que, así como pedimos a las empresas que cuiden, también debemos pedir a las personas que se responsabilicen conscientemente de su manera de ser, de relacionarse y de aportar al entorno en el que están.
Una transformación compartida
No podemos seguir esperando que la empresa lo haga todo.
La salud mental no es solo una política de bienestar: es una responsabilidad personal y colectiva.
Cuidar lo que somos, lo que decimos, cómo tratamos al otro, cómo respondemos a los desafíos y cómo transformamos nuestras heridas en aprendizajes… eso también es parte del trabajo, y es una responsabilidad completamente personal.
Porque si bien los riesgos psicosociales existen en la vida laboral, muchos de ellos no nacen en el trabajo: nacen en las familias.
Y es aquí donde cada persona debe comenzar a ser consciente de que hay mucho trabajo por hacer en el propio ser para aportar a un entorno laboral seguro y sostenible.
El cuidado personal no es delegable.
La semilla de los entornos emocionales negativos nace en cada persona: casi siempre en las memorias emocionales no sanadas, en los programas inconscientes que nos llevan a reaccionar desde la violencia, y en las interpretaciones de desigualdad humana.
La transformación personal es una responsabilidad personal.
No es delegable. Y desde mi forma de ver, no da espera.
¡Hasta pronto!
MARTA OLGA