¿Te has dado cuenta de que cada vez que eliges algo, renuncias a algo más?

Parece obvio, pero pocas veces lo hacemos consciente.

Aprender a tomar decisiones es clave en la vida.

  • A un niño le enseñamos a decidir para que sea independiente, autorregulado y seguro.
  • A un directivo, porque su responsabilidad es decidir por el bien de muchos.

Las buenas decisiones nos convierten en personas en quienes otros pueden confiar.

En el proceso de aprender a decidir, nos enseñan a plantear diferentes alternativas, a seleccionar los criterios para evaluar, a familiarizarnos con herramientas para valorar cada opción a la luz de los objetivos esperados y, finalmente, a elegir teniendo presente las consecuencias.

Sin embargo, he descubierto con el tiempo, que falta algo esencial en este proceso: ser conscientes de que, “si eliges, renuncias”.

Por ejemplo:

  • Si elijo comer carne, renuncio a comer pescado.
  • Si elijo irme a Melgar, renuncio a quedarme en Bogotá.
  • Si elijo mentir, renuncio a ser honrada.


Siempre que elegimos una posibilidad, dejamos a un lado otras.

Cada decisión construye un camino… y cierra otros.

Lo triste es que, a veces, sin darnos cuenta, le damos la espalda a aquello a lo que renunciamos.

Elegimos desde el oportunismo, el disfrute o la apariencia y renunciamos a lo duradero, a lo fundamental, a lo que da sentido y estabilidad.

Reflexiona sobre un punto clave:

En la renuncia es diferente no incluir otras alternativas a no incluir lo opuesto. ¿Cuál es más grave?

  • Si elijo mentir o robar, renuncio a que otros confíen en mí.
  • Si elijo un vicio, renuncio a mi salud.
  • Si elijo la agresividad, renuncio a la paz en mis relaciones.

Lo que elegimos y a lo que renunciamos, moldea no solo nuestra vida externa, sino sobre todo nuestro Ser. Tiene un impacto emocional real en el entorno laboral, social y familiar.

Miremos juntos algunas elecciones que estamos haciendo, como sociedad y como personas:

  • Elegimos polarización y confrontación; renunciamos a la paz y al diálogo.
  • Elegimos inmediatez y oportunismo; renunciamos a construir a largo plazo.
  • Elegimos quejarnos y analizar sin fin; renunciamos a actuar y hacernos cargo.
  • Elegimos la apariencia; renunciamos a mirar dentro y crecer.
  • Elegimos ser “amigos” de nuestros hijos; renunciamos a formarlos con firmeza y amor.
  • Elegimos la felicidad basada en el tener; renunciamos a la felicidad que nace de cómo somos y vivimos.
  • Elegimos hablar de lo que nos divide; renunciamos a hablar de lo que nos inspira.

Te invito a darte cuenta de que en la vida se refuerza aquello que elegimos y desaparece, poco a poco, aquello a lo que renunciamos.

Recuerda: eres el gestor de tu vida, de tu realidad y de tu entorno emocional. La materia prima de tu presente y de tu futuro… está en tus elecciones de hoy.

Por eso, pregúntate:

¿Qué estás eligiendo, consciente o inconscientemente?

¿A qué estás renunciando cada vez que eliges?

¡Hasta pronto!

MARTAOLGA